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“Dadnos a nosotros, vuestros niños, un buen presente. Nosotros, por nuestra parte, os daremos un buen futuro”. Toukir Ahmed, de 16 años, Bangladesh.

Los niños son los guardianes del futuro de nuestro planeta.

De una forma muy simple suele definirse a la infancia como el tiempo de vida que transcurre entre el nacimiento y la edad adulta y existe un criterio ampliamente compartido de que la infancia implica un espacio delimitado y seguro, separado de la edad adulta, en el cual los niños pueden crecer, jugar y desarrollarse.

La infancia es la época en la que los niños tienen que estar en la escuela y en los lugares de esparcimiento, crecer fuertes y seguros de sí mismos y recibir el amor y el estímulo de sus familias y de los adultos en general. Deben vivir sin miedo, seguros frente a la violencia, protegidos contra los malos tratos y la explotación.

En su discurso de apertura ante la Asamblea General dirigido a los niños del mundo Kofi Annan, secretario general de la UN, dijo: “Nosotros, los adultos, os hemos defraudado deplorablemente… Uno de cada tres niños ha sufrido desnutrición antes de cumplir cinco años. Uno de cada cuatro no ha sido vacunado contra ninguna enfermedad. Casi uno de cada cinco no acude a la escuela… Nosotros los adultos debemos cambiar radicalmente esta lista de fracasos“.

La hora de actuar es ahora mismo. Porque si no aceleramos nuestros progresos, para 2030 casi 70 millones de niños podrían morir antes de cumplir cinco años, más de 60 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria estarán sin escolarizar, prácticamente el mismo número de los que no van a la escuela hoy en día, unos 750 millones de mujeres habrán contraído matrimonio siendo niñas aún.

Si se puede juzgar el alma de una sociedad por la forma en que trata a sus miembros más vulnerables, también se puede predecir el futuro de una sociedad por la medida en que brinda a cada niño una oportunidad justa en la vida. Dar a cada niño esa oportunidad justa es la esencia del progreso equitativo. Las sociedades sostenibles sólo pueden tener un futuro próspero cuando sus hijos estén seguros, educados y sanos, con igualdad de oportunidades.

Tenemos que sustituir los ciclos viciosos por ciclos virtuosos por los cuales los niños pobres de hoy en día –si se les ofrece la posibilidad de disfrutar de la salud, la educación y la protección contra el peligro– podrán, cuando sean adultos, competir en un mayor plano de igualdad con los niños que proceden de entornos más prósperos.

En nuestro país, en los últimos seis años, las infancias y adolescencias, en alrededor de un 80%, forman parte del sistema de seguridad social gracias a la ampliación de la Asignación Universal por Hijo. Pero no es suficiente para garantizar un nivel de vida adecuado para el desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social del niño, tal como se establece en la Convención sobre los Derechos del Niño. Vivienda, saneamiento y alimentación son derechos prioritarios que representan deudas pendientes, aun cuando se registraron progresos. Se logró mayor inclusión educativa, pero es un desafío terminar la escuela secundaria y mejorar la calidad de las ofertas educativas, procurando alcanzar mayor equidad en las estructuras de oportunidades.

Uno de los motores de desarrollo más eficaces, que a la vez es el mejor instrumento para lograr la equidad, es la educación. Parte de la educación es la estimulación temprana: lectura de cuentos, juego con los niños, asistencia a centros educativos y el no uso del maltrato físico o verbal como forma de disciplinar. Todos los niños deben asistir a la escuela y gozar de recursos educativos como música, plástica, educación física, idioma extranjero y computación. Si nos centramos más en el desarrollo en la primera infancia, en facilitar el acceso a una educación de calidad, generaremos una cascada de beneficios para esta generación y la siguiente.

Es la responsabilidad de todos y cada uno de nosotros: debemos construir el mundo de nuestros sueños con compromiso, cada uno en la medida que pueda y en el lugar donde se encuentre.

Fuentes: UNICEF, Barómetro de la Deuda Social de la Infancia UCA.